Economía

Najarro Luis Alfredo Farache//
Su nombre es Pedro Jesús Díaz y es el abuelo que protestó porque sigue aferrado a la vida

Sentado en su cama, rodeado de miseria y con un rosario en la mano con el que le pide a Dios le alivie las dolencias que sufre diariamente, estaba Pedro Jesús Díaz, el abuelo que protestó y alzó su voz en una marcha porque desea seguir con vida. Su rostro y la agonía que carga a cuestas se viralizó al ser publicado un video en una movilización a la que acudió para denunciar que el “Gobierno estaba matando” a los enfermos. Todos los días sale a calle. A pedir. Buscar ayuda. Ese 2 de febrero, aseguró, lo hizo porque en las protestas “sí reconocen la necesidad de otro hombre”. “Yo protesto para que esto cambie. Todos nos estamos dañando moralmente. Yo he llegado con papeles (a entes del régimen) y luego de tanto (burocracia) no me ayudan”, detalló al señalar que volvería al asfalto a “luchar por una verdad. Siempre”. ¿Qué padece Pedro Jesús Díaz? Pedro Díaz, de 62 años, tiene un tumor en el abdomen que, aseguró, es benigno. No recuerda con exactitud cuando se lo diagnosticaron. Muchos de los informes los ha perdido. “Me dijeron que era benigno, pero se puede convertir en maligno si no sigo con el tratamiento. Me duele. No tengo pastillas para el dolor”, contó entre lágrimas. Su hija Yunaiza Díaz, por su parte, indicó que su padre sí tiene cáncer y que solo una vez le suministraron las medicinas en el hospital Vargas. “No recibe el tratamiento adecuado y constante. Vive desmayándose. Ha pedido ayuda en todos lados y se la niegan”, dijo. El sexagenario, quien afirmó haber trabajado en el pasado como técnico industrial de máquinas, así como de vigilante, limpiazapatos, panadero y costurero, también padece de diabetes. “Soy diabético y sufro del ácido úrico. No puedo comer carne porque el cuerpo se me hincha”, agregó. Su drama no termina ahí. Pedro Díaz también tiene dos hernias. Una en el ombligo que le produce insoportables dolores y otra en la cervical. “Cuando siento dolor tomo agua para que se olvide y se me pase”, señaló. Además, tiene una sonda conectada a la úretra. No controla sus esfínteres. En ocasiones, moja su cama y la ensucia de excrementos. Necesita pañales. “Uso pañales. Hay veces que me hago pupú en la calle y me tengo que venir a pie. Los pañales, a veces me lo dan unas monjas en San Martín”, narró con pena. Pedro además requiere ser operado. Pero antes, debe costear unos exámenes de 177.450 bolívares. “¿De dónde saco yo ese realero”?, Comentó entre lamentos. “Yo reúno real”. Y deja ver si acaso cuatro billetes de 50 bolívares. “Cuando logro tener algo de dinero, salgo a comprar las cosas necesarias”. De siete, tres y con suerte cuatro Pedro Díaz vive en un humilde anexo que pertenece a la casa de su hija. Está ubicado en la parte alta del Observatorio, parroquia 23 de Enero, Caracas. El lugar tiene poca iluminación. Las paredes del lugar que improvisaron como un cuatro están sin frizar. Por esta razón, indicó Pedro, usa el tapabocas. Sin embargo, su hija, apuntó que también tiene “algo” en la tráquea que no supo precisar. Pedro, al igual que muchos venezolanos, no se alimenta adecuadamente. Pasa hambre. “Como lo que puedo”, expresó mientras era entrevistado pasadas las cuatro de la tarde y ni siquiera había desayunado. “Me he acostado sin comer. Es doloroso contar esto. A veces me tomo un vaso de agua y me quedo dormido”, dijo el abuelo, quien de los siete días que tiene la semana solo come tres y con suerte cuatro. “Tengo una pensión, soy honesto. Pero no me alcanza. Si compro medio cartón de huevos o pollo, se fue la pensión. Si necesito unas pastillas, se fue la pensión. Entonces tengo que salir a pedir”, aseveró. Ayuda humanitaria Pedro Díaz anhela que ingrese al país la ayuda humanitaria promovida por el presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó. “¿Cómo no voy a estar de acuerdo. Eso es bien para todos?”, apuntó. “Si yo me muero soy agradecido con ustedes. Me voy con un agradecimiento a Dios“, añadió. El abuelo, quien habita en un lugar de difícil acceso, desea además una nueva vivienda. “Me gustaría que me sacaran de aquí. No quiero una mansión, sino algo estable”. A pesar del tumor, la diabetes y las hernias que lo mortifican día a día, la añoranza de Pedro Jesús Díaz es poder vivir. Él, al igual que muchos coterráneos, ven una luz al final del túnel, con la ayuda humanitaria que podría ingresar al país si el régimen de Maduro lo permite. + Información